La cirugía reconstructiva de pie y tobillo es aquella que se realiza para dar solución a un pie muy deformado, ya sea por deformidades adquiridas, por deformidades congénitas o como consecuencia de intervenciones previas con resultados indeseados o traumatismos externos por accidentes.
Estas deformidades afectan una gran parte de la población, y son causa de dolores en pie y tobillo y de pérdida de función que hacen que el paciente no pueda llevar una vida normal. La cirugía reconstructiva se realiza evaluando a cada paciente, y jamás debe realizarse con fines puramente estéticos.
Dentro de las indicaciones están:
Artritis reumatoidea: La artritis tiene preferencia por la parte anterior del pie, la afectación del medio y retropié se da en formas más graves. Esta enfermedad produce una sinovitis crónica inflamatoria a partir de la cual se generarán alteraciones de cartílago, cápsula, ligamentos, tendones; dando lugar a las deformidades propias de la enfermedad. Se pueden ver las siguientes lesiones:
Artrosis: El desgaste progresivo de las superficies de las articulaciones que provoca dolor y limitación en la movilidad. La artrosis puede ocurrir por diversas causas: trauma repetitivo por largo tiempo o como secuela a fracturas, artritis reumatoidea, gota, secuelas de inestabilidad crónica del tobillo. El paciente puede notar limitación de movimiento, dolor con la movilidad, rigidez y dolor al iniciar la marcha. Dentro de los procedimientos quirúrgicos para su tratamiento están: Prótesis de tobillo, artrodesis o fusión del tobillo, artroplastias de distracción.
Pie plano: Se refiere a una enfermedad caracterizada por el colapso del arco plantar, ocasionando que toda o casi toda la superficie de la planta tenga contacto con el suelo. Esta puede ser generada por causas genéticas, secuelas de traumas, enfermedades y por insuficiencia del tendón tibial posterior. La mayoría de las personas no presentan síntomas asociados, sin embargo, algunos pueden quejarse de dolor (en el talón o en el arco) y sensación de cansancio. El manejo inicial se hace con plantillas, terapia física e indicaciones de calzado. Ante la no mejoría de los síntomas el manejo quirúrgico estará indicado con el fin de mejorar la estructura del pie y darle una mejor función.
Pie cavo: Es aquella condición en la que el arco plantar es más alto de los normal. Este tipo de pies concentran su apoyo en el talón y debajo de los dedos. Suelen ser causados por alteraciones óseas o de los nervios (neuropatías). Estos pies, aunque son menos comunes que el pie plano, suelen generar dolor (talón o en el antepie), dificultad para el uso de calzado adicional y la aparición de callosidades dolorosas. En deformidades sutiles el uso de plantillas y la modificación del zapato pueden mejorar sus síntomas. El tratamiento quirúrgico requerirá múltiples procedimientos en el mismo tiempo quirúrgico con el objetivo de obtener un pie plantígrado para reducir el dolor y mejorar su movilidad y equilibrio.
Secuelas de trauma: Las fracturas del pie y/o tobillo, las lesiones neurovasculares en miembros inferiores, las inestabilidades crónicas del pie y tobillo, traumas de tejidos blandos extensos, entre otras, pueden generar a largo plazo alteraciones en la alineación y mal rotaciones que afectan la función del pie y tobillo y generan dolor. En estos casos diversos procedimientos de osteotomías (cortes al hueso) y realineación de pie y tobillo (tanto en tejidos blandos y óseos) pueden mejorar la calidad de vida del paciente.